Ser un laico Consagrado
Ser un laico consagrado no implica renunciar al estado laical, pero viene a ser un estado intermedio entre el laico y el religioso, pues sin vivir en comunidad y sin abandonar el trabajo o la familia, la consagración supone una dedicación al Señor con el corazón y con las obras. Esta consagración lleva consigo, además, unos derechos dentro de los Franciscanos de María, como por ejemplo participar en las votaciones para elegir a los órganos directivos del Instituto. Es, por lo tanto, un paso muy importante, que se da ante Dios y también ante la Iglesia. Felicito de antemano a todos los que, confiando en Dios, van a dar este paso y se van a consagrar hoy, día de la Anunciación y Encarnación del Señor.
La Virgen, nuestra capitana, quiere contar con nosotros en este ejército pacífico que ella dirige, para convertirnos en misioneros que aman y hacen amar al Señor. Con su protección confiamos y a ella nos encomendamos para ser fieles hasta el final.
Feliz día de la Anunciación del Señor y felicitaciones a todos que os habéis consagrado.
Padre Santiago Martín, FM
Fundador y Superior General
Itinerario de Consagración
A través de 14 Estaciones, vamos profundizando de nuestra familia espiritual, la del agradecimiento, como parte que somos de ella. Es decir, que la consagración que haremos no sólo significará que nos ofrecemos al Señor, sino que también hará de los que se consagren miembros de hecho y de derecho de una institución católica, los Franciscanos de María.
Para nosotros la consagración se debe caracterizar por el deseo de expresarle al Señor y a la Santísima Virgen nuestra gratitud por su amor y de expresársela con obras y no sólo con palabras o sentimientos. Ese es precisamente el carisma de los Franciscanos de María.
Queremos consagrarnos a los Sagrados Corazones por agradecimiento a ellos y hacerlo de modo que toda nuestra vida quede implica en esa consagración, pues sólo así será verdadera y queremos hacerlo asumiendo la responsabilidad de dedicarnos a la misión del agradecimiento, que implica no sólo amar a Jesús, sino también hacer todo lo posible para que Él sea conocido y amado, como María.